Una Ventana al Cosmos: así vivimos nuestra exposición colectiva en el Museo de Historia
El año 2025 casi termina, pero Una Ventana al Cosmos se me quedó dando vueltas en la cabeza de la mejor manera.
Durante todo el mes de octubre presentamos en el Museo de Historia de Guatemala una exposición colectiva de astrofotografía y astronomía, un proyecto que tuve el honor de liderar como curador, junto a un grupo de personas que admiro mucho por su trabajo y su pasión por el cielo.
Los astrofotógrafos participantes fuimos:
Juan Pablo de la Cruz. Pablo Montes, Sergio Montúfar, Mario Wunderlich, Eleonora Poitevin, José González, Luz Yépez, Israel Monterroso, Saúl Méndez.
Una Ventana al Cosmos reunió distintos estilos y enfoques: astrofotografía de cielo profundo, astrofotografía planetaria y astrofotografía panorámica, y además conectó esa mirada moderna del cielo con algo muy nuestro: la cosmología maya. Esa mezcla hizo que el recorrido se sintiera completo: desde lo más lejano y tenue, hasta lo cercano y familiar, pasando por los sitios astronómicos que marcaron la relación de nuestros antepasados con el cielo.
En total, la exposición reunió 37 piezas, distribuidas a lo largo del recorrido para que cada sección tuviera su propio ritmo y su propia historia.
Ver nuestras imágenes reunidas en un mismo espacio —con estilos distintos, miradas distintas y objetos distintos del cielo— fue una experiencia única. No solo por lo visual, sino por lo que significa: hacer comunidad, compartir conocimiento y mostrar que en Guatemala hay gente mirando arriba con seriedad, paciencia y muchísimo corazón.
Lo que más me gustó del mes fue ver cómo la gente se detenía. Cómo entraban con curiosidad y, poco a poco, iban conectando con algo más profundo que una imagen “bonita”.
Hubo frases que escuchamos una y otra vez:
“¿Eso de verdad está ahí?”
“No sabía que el cielo tenía tantos colores.”
“¿Esto lo tomaron desde Guatemala?”
“¿Cómo logran ver eso si a simple vista no se ve?”
Esas preguntas valen oro. Porque eso es exactamente lo que buscaba Una Ventana al Cosmos: asombro, conversación y ganas de aprender.
Lo que significa curar una exposición así
Ser curador en un proyecto como este no fue solo “elegir fotos”. Fue construir una experiencia completa:
pensar el recorrido,
cuidar la coherencia visual,
equilibrar temáticas,
lograr que las obras dialogaran entre sí,
y al mismo tiempo respetar lo más importante: la voz de cada astrofotógrafo.
Cada uno tiene su forma de observar, procesar y contar el cielo. Y justo ahí estuvo la magia: en vez de intentar que todo se viera “igual”, buscamos que el visitante sintiera que el universo se puede interpretar desde muchos ángulos.
Momentos que me voy a llevar por mucho tiempo
Me quedo con varias escenas:
personas que regresaron más de una vez para ver con calma,
niños señalando detalles que muchos adultos no notan,
conversaciones espontáneas frente a una pieza,
y ese silencio particular que se crea cuando alguien se queda viendo una imagen y se olvida del resto del mundo por unos segundos.
También me quedo con el trabajo detrás: la logística, el montaje, los detalles, los nervios y el cansancio que llega con satisfacción.
Gracias
Gracias a cada persona que visitó Una Ventana al Cosmos, a quienes la recomendaron, a quienes nos escribieron después y a quienes llegaron con preguntas y se fueron con más curiosidad de la que traían.
Y gracias especialmente al equipo de astrofotógrafos que hizo posible que esta muestra fuera lo que fue. Gracias también a la Asociación de Astronomía de Guatemala (AGA), a la Unión Astronómica Internacional (IAU) y al equipo de Astrobbit por apoyar y sumar para que Una Ventana al Cosmos se materializara. Una exposición colectiva es eso: confianza, coordinación, apoyo mutuo y una meta compartida.
Algo que nos dio mucha alegría fue ver que Una Ventana al Cosmos salió del museo y también llegó a la conversación pública. Varias notas y publicaciones ayudaron a que más personas se enteraran, se animaran a visitar y, sobre todo, a mirar el cielo con otros ojos.
Estas fueron algunas de las notas de prensa y publicaciones donde apareció la exposición: Prensa Libre, Publinews y el Diario de Centro América.
¿Y ahora qué sigue?
Después de algo así, uno no vuelve igual a su rutina.
Me quedo con la certeza de que vale la pena seguir abriendo espacios para el cielo: en museos, en charlas, en impresiones, en escuelas, en observaciones… donde se pueda.
Porque al final, la astrofotografía no solo captura luz: también captura esa sensación que todos conocemos cuando miramos arriba y recordamos que somos parte de algo muchísimo más grande.